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Paco Valladares, actor excepcional, hombre ejemplar y paisano leal

Con Alfredo Landa y Josele Román
Dotado de extraordinario sentido del espectáculo, recreaba sus personajes reconstruyéndolos con su peculiarísima impronta, dotándolos de una dimensión única

Miguel Ángel Almodóvar

Presentación exposición homenaje en Pilas, Septiembre 2012

Toda la vida y obra de Francisco o Paco Valladares, tan ricas y fecundas ambas, podrían perfilarle en cuatro gruesos trazos: versatilidad, bondad machadiana, sentido del humor con hondura de fosa oceánica, y humanismo dialéctico.

En cuanto a versatilidad, fue el primer locutor de continuidad de la televisión española, para desgranar después todo un extenso repertorio de circunstancias y tipos en programas y series; actor de dicción límpida y perfecto manejo corporal; recitador de poesías de primer rango; cantante de muchos registros y magnífico doblador. Todo lo hizo bien. Dotado de extraordinario sentido del espectáculo, recreaba sus personajes reconstruyéndolos con su peculiarísima impronta, dotándolos de una dimensión única; un fenómeno de transmutación creativa que jamás podrán olvidar aquellos que tuvieron la inmensa fortuna de verle, oírle y sentirle sobre un escenario. Arte sublimado y en estado puro. Como la Dolores de la copla, fue alegre y fue bueno en el machadiano sentido de la palabra bueno, que vivió, pasó y soñó; donde hubo vino, bebió vino, y donde no, agua fresca; a sorbos y a grandes tragos, apurando la esencia de la vida hasta el fondo de la frasca o de la cántara, y siempre valladar contra cualquier maledicencia o atisbo de crítica al ausente.

Su sentido del humor, memorabilísimo, le hizo poder enfrentarse a la necedad o animadversión protegido por una coraza sobria, elegante y fúlgida, y tanto le daba que las situaciones fueran, a su personal decir de juego de palabras trastocadas, “de alivio luto y de no dar crédito lionés”, porque era capaz de convertir cualquier desgracia, negrura o sinsabor en un juguete cómico manejable en positivo y a su antojo.

En el último de esos gruesos trazos, fue siempre un humanista dialéctico que en alguna medida vendría a ser un nacionalista a la inversa. Primero su pueblo, Pilas; luego Sevilla; después Andalucía, su tierra natal, y Madrid, su territorio de acogida; más allá, España, y más luego el mundo entero, el espacio sideral, para inmediatamente recorrer como del rayo el camino de vuelta; de lo universal a lo local y de lo local a lo universal, en dialéctica integradora y fecunda, sin exclusiones por razón alguna.

Con Luis Escobar
Con Luis Escobar
Con Luis Escobar